Historia de Bito

Esta es la historia de Bito quien, por su discapacidad, cambió la vida de su mamá.

Empezó hace años cuando su mamá vivía en un lugar grande, tenía varios conejitos que estaban sueltos y felices. Uno de ellos era bito, saltarín y feliz. Un conejito que sabía defenderse se sentía intimidado por otros animales, aventurero, fuerte y muy gruñón.

El tiempo pasó y la familia tuvo que mudarse a un lugar más pequeño, situación que tristemente los obligó regalar conejitos y quedarse solo con uno. Bito fue el elegido por su temperamento, ya que, creyeron que nadie podría adecuarse a vivir con él.

En ese entonces su mamá no sabía mucho acerca de conejos y el comportamiento de Bito no ayudaba porque era apático y un poco violento, así fueron pasando los años y él nunca recibió mucho afecto por parte de la familia. Sin embargo, un día, cuando ya tenía 6 años, su abuela observó un "tumor" en la oreja de Bito, situación que los llevó a una consulta al doctor.

Lamentablemente, lo que su familia creía un tumor, resultó ser un absceso enorme provocado por una infección, resultado de haberse rascado con mucha fuerza la zona. Desde ese día su mamá tuvo que hacerse cargo de ese pequeño gruñón. A pesar de las curaciones diarias que debía hacer sobre su orejita, algo fue empeorando y Bito dejó de caminar. Al principio le costaba caminar, pero luego perdió por completo el funcionamiento de sus piernas. Eso llevó a su mamá a cuidarlo obsesivamente. Se levantaba temprano para prepararle su papilla porque no podía comer, lo premiaba con sus comidas preferidas.

Cada día su condición física se deterioraba más, sin embargo, su ánimo estaba mejor que nunca. Siempre que Bito veía despertar a su mamá, sabía que ella estaba ahí para él y le daría toda la atención y el amor que durante años no le brindó.

Bito ya no era ese conejo agresivo, por el contrario, era el conejo más tierno del mundo.

Su mamá sentía culpa por no haberle brindado el suficiente cariño que debió darle por años. Fueron duros esos días, y la situación se complicó ya que comenzó a usar pañales. Sin embargo, nunca perdió su ánimo, estaba feliz cada vez que su mamá le preparaba sus platos favoritos incluso sabiendo lo enfermo que estaba.

En un intento por querer mejorar su calidad de vida, su mamá decidió crearle una sillita de ruedas, pero fue en vano porque él se enojaba muchísimo y no quería estar así. Desesperada decidió buscar ayuda en una veterinaria de animales exóticos y con sus ahorros pagó todos los estudios necesarios, los cuales le detectaron un cáncer fulminante, que ya se había extendido a sus pulmones y que le quedaba poco tiempo. Bito escuchaba atentamente todo lo que la doctora decía y desde ese momento ya no era el mismo. Fue muy extraño porque desde ese día parecía como si hubiese entendido su pronóstico y supiese que ya no le quedaba mucho tiempo de vida.

Su mamá estaba destrozada, llevo semanas llorando, pensando en ese último día juntos, en que le diera su plato preferido antes de dormirlo. Ese día llegó, y él estuvo muy inquieto, no durmió, no quiso comer, no hizo sus necesidades y se mantuvo en la misma posición. Su mamá le puso música relajante, lo tomó en brazos y lo llevó a tomar sol, ya que era un bello día. Parecía que Bito sabía que iba a morir, pero no quería, entonces su familia lo abrazo fuerte para despedirse. Parecía que quería luchar con todas sus fuerzas para no despedirse. Y así partió rodeado de amor y luchando hasta último momento.

Su mamá recuerda por todo lo que pasaron juntos, cómo pudieron transformar su amor y trascender. Ella aún piensa en esos días que no fueron tan unidos, y desearía haber cambiado esos momentos, por recuerdos llenos de amor. Sin embargo, fue lo que los mantuvo tan unidos hasta el último minuto. Su mamá confiesa que su incapacidad nunca fue un problema, incluso llega a pensar que es cuando más necesito de sus cuidados y, sobre todo, de su enorme amor. Solo desea que Bito la haya perdonado, que esté en paz y feliz. En algún momento, detrás del arcoíris se volverán a reunir.

Las historias como la de Bito no pasan en vano, nos dejan enseñanzas, marcan nuestras vidas y dejan huellas en el corazón. Hoy su mamá es voluntaria de la Fundación y tiene a Canelita, una hermosa conejita a quien cuida y ama profundamente.

 ¡¡¡Hasta siempre Bito!!!