Nena

27.05.2020

¡Hola!

Mi nombre es Lucezita Gutiérrez León y tengo una conejita de 6 años muy especial, llamada Nena, de raza cabeza de león. Somos de Lima - Perú.

Luego del fallecimiento de mi primera mascota (2012), un perro llamado Jazz, que murió por una negligencia de mi parte, me tomó muchos años superar mi error y borrar de mi mente la imagen de él muriendo, decidí nunca más volver a tener una mascota. Esto nadie lo sabía hasta hoy, que decido contarlo...

Pasaron los años, hubo cambios en mi vida... y me entraron las ganas de volver a estar acompañada pero no sabía que animalito sería bueno para mí, ¿otro perro?, ¿un gato?, ¿canarios?, ¿peces? Y alguien dijo: "un conejito". Entonces decidí preguntar a mis amistades porque yo quería un conejo muy grande y que se comporte como un perro (la más exigente). Me contacté con la ex dueña de Nena y decidí adoptarla en abril de 2016. En aquella época, sacamos la cuenta que Nena tenía tres años, estaba muy peluda, no se le veían los ojos, y tenía las uñas largas. Aun así, era una conejita muy dócil y cariñosa... Nos empezábamos a conocer.

Cuando Nena tomó confianza, empezó a morder el papel tapiz de todas, absolutamente todas, las esquinas de las paredes y a orinarse en un rincón debajo de mi cama. Le agarró un fetiche a una pared de mi cuarto, le sacó el papel tapiz y llegó hasta el cemento de tanto morderlo.

Ese mismo año, tuve un viaje de 15 días y la deje encargada por primera vez en casa de una buena amiga, la cuidó muy bien. Me dolió tanto dejarla encargada... Lloré, sentí que la abandonaba y empezó a aflorar mi sensibilidad del apego a ella. Vinieron otros viajes y la dejaba encargada con su nana, otra buena amiga.

A comienzos del 2019 y, en adelante, tuve dos sueños muy feos de Nena, uno de ellos era que le cortaban sus patas traseras pero ella no sufría, su comportamiento era el de siempre.

Tenía otro viaje pendiente y me daba temor dejarla pero decidí alejar esos pensamientos. Llegó diciembre y decidí pasar la Navidad en casa de unos familiares, otro viaje.

El 26 de diciembre 2019 me entero que algo le había pasado a Nena, estaba desesperada, me dijeron que se estaba arrastrando, mi corazón se paralizó y yo estando tan lejos, confié en sus cuidadores. El veterinario me dijo que en la radiografía se observada una luxación de vértebra que le ocasionó la parálisis de sus patas traseras, yo estaba preparada y pensé en una silla de ruedas. El veterinario dio como última alternativa "hacerla dormir", definitivamente esa no era una opción. Nena estuvo internada 10 días hasta mi regreso, su abuelo la iba a ver todos los días y le hacía video llamadas para que me escuchara y no se sintiera sola enjaulada. Nena en esta casa nunca estuvo enjaulada, ella siempre ha sido libre. A mi regreso, conseguí el contacto de hacer la silla de ruedas, gracias al apoyo de otra veterinaria que me dijo que ya tenía experiencia con otro conejito y que le fue bien con su sillita.

Una semana, Nena estuvo depre, pero ella ¡nunca dejó de comer! Hasta que con una bufanda la levanté, la hice caminar y aprendió a caminar de nuevo. ¡Adiós depresión! Al llegar la silla de ruedas ella se adaptó rápido, era algo nuevo y que podía usar para correr como antes. Poco a poco empezó a dominar más la silla. Le tuve que confeccionar sus famosos pantaloncitos porque ella se muerde las piernas, se saca los pelos y se le hacen heridas, pues por su misma condición se sobre acicala. Esto es parte de sus cuidados.

Los primeros días juntas post luxación, yo me sentía confundida, no sé si decidí bien o mal, pero como me dijo otra buena amiga "lo que tú decidas, estará bien, porque ella es tu compañera" y acepté su condición. Asumí que era irreparable, decidí comprometerme con ella y subsanar el error cometido con mi perro Jazz (mi perro ángel). La vida me da la oportunidad de corregirme y de madurar. Mis miedos se esfumaron, el miedo a lo nuevo ahora es pasado. Siento que me preparo para tener mis propios hijos y entender que todo llega a su tiempo y de lo que se trata tener responsabilidad sobre otro ser vivo. Creo que lo estoy haciendo bien.

Ya han pasado cuatro meses de ese feo episodio y ya está más que superado. Nena es la mascotita que quise, es cariñosa como un conejito y me persigue por toda la casa como un cachorrito. La adoro.

Cada mascota tiene una historia, pero también el dueño tiene una historia detrás. Espero que les haya gustado mi relato.

Lucezita.